Siempre
he dicho que hay juegos que merece la pena jugarlos y juegos que es
mejor observarlos, disfrutarlos como si estuvieras viendo una
película, disfrutar de ver como otros los juegan mientras estas
sentada en un sillón con un refresco o un helado.
Para mi
es otra manera de “jugar” un juego, valorarlo y respetarlo.
Mentiría si dijera que nunca he jugado a un “The Legend of Zelda”.
Si he jugado, solo a uno, el clásico por llamarle de alguna manera.
El juego
de SNES que nos compraron nuestros padres cuando mis hermanos y yo
eramos tan solo unos moquitos con patas.
Recuerdo
perfectamente estar sentada en el viejo sofá de casa, con los pies
descalzos y el camisón rosa con flores que me había hecho mi madre,
sujetando con las dos manos el mando de la consola mientras llevaba
al pequeño héroe de Hyrule en su contienda para salvar a la
princesa Zelda.
De
pequeña no lo pensaba mucho, pero cuando crecí empecé a pensar, si
en el juego llevas a un chico llamado Link, que es el que lo hace
casi todo ¿porque se llama The legend of Zelda? No seria mas lógico
llamarlo ¿Las aventuras de Link?.
Tampoco
lo pensé mucho mas, pasé de simplemente jugar al juego a sentarme a
ver jugar a mis hermanos, incluso veía jugar a mi padre, creo que
eso me gustaba mucho mas.
Los
fines de semana era cuando mas jugábamos con el regalo de la primera
comunión de nuestra tía, esa SNES que aun guardamos con mucho
cariño y que aun utilizamos para jugar, deberíais ver las
competiciones del Dr Mario que hacen mis padres, es algo que creo que
une, jugar en familia, ya sean juegos de mesa o en este caso,
videojuegos.
Creo que
me estoy yendo por los cerros de Úbeda como diría mi madre.
Volviendo
al tema que quería tratar, el disfrutar de un juego sin jugarlo, hay
gente que dice que no puedes disfrutar igual un juego si solo lo
miras, que si lo juegas, es verdad. Pero yo prefería ver a Link
pelear en manos de mis hermanos, de mi padre, de amigos, a guiarlo
yo.
¿Era
mala jugadora? No, ni mala ni buena, era una jugadora que pasó de
disfrutar jugando a disfrutar observando.
También
he de decir que el sigo disfrutando mas que ninguno al único que he
jugado ¿habrá relación en ello? Seguramente, pero tampoco pienso
mucho en ello.
No os
podéis imaginar lo que se siente, sentándote al lado de tu padre, a
ver como con calma y algún giro brusco se aventuraba al templo del
agua, con Link, espada en una mano, escudo en la otra, buscando
corazones, objetos, eliminando enemigos con ese pequeño ¿elfo?
¿Semielfo? Lo que sea, pixelado.
Creo que
eso es lo que mas me gustaba del juego, ver a mi padre jugar.
Podíamos
pasar horas así, uno sentado al lado del otro
“Por
ahí no papa, ya has estado antes”
“¿Si? ¿Tu crees? Entonces ¿por donde?”
“¿Si? ¿Tu crees? Entonces ¿por donde?”
“No
has mirado por esa puerta, si no hay enemigos es porque ya has pasado
¿no?”
Juego en
equipo también podría ser, juego entre un padre y una hija.
“Venga
papa, ese es el enemigo final”
“El
cerdo raro”
El pobre
Ganondorf era un cerdo raro para mi, pero era el cerdo raro que mi
padre derrotaba el solo. Y yo estaba a su lado, disfrutando en
silencio, a veces, de ver lo que hacia.
Si, mi
padre ha jugado a muchos mas juegos, deberíais ver como se caía del
sofá al jugar al mortal Combat, como se pasaba horas compitiendo con
mi madre en el “fruitis” que era como un Tetris pero con frutas.
Luego
pasó a jugar al Carmagedoon, juegos de coches.
Pero
creo que si una tarde se pusiera de nuevo a jugar a la SNES y sacara
el cartucho de “The Legend of Zelda” me volvería a sentar a su
lado
“¿A
que vas a jugar papa?
“Al
Zelda”
Ahora me sentaría en el sofá, el seguramente en un sillón y se acercaría a la Televisión, los mandos de SNES no llegan muy lejos, no al menos hasta el sofá
Ahora me sentaría en el sofá, el seguramente en un sillón y se acercaría a la Televisión, los mandos de SNES no llegan muy lejos, no al menos hasta el sofá
Creo que
volvería a sentarme descalza en el sofá, aunque no tuviera mi
camisón rosa de flores, que de hecho si tengo, guardado porque lo
hizo mi madre con todo su cariño. Ahora me sentaría con unos
pantalones cortos, una camiseta el doble de mi talla, el pelo
recogido y un refresco en la mano.
Al
principio en silencio, observándole jugar, el humo del tabaco se
dispersaría por el comedor, su mirada fija en la pantalla y un
brillo infantil en su mirada, seria de nuevo nuestro momento.
Creo que
ya se porque me gusta mirar como otros juegan con el aventurero Link,
bueno, miento y me corrijo, ya se porque me gusta ver como mi padre
juega con Link, como corre aventuras para salvar a la princesa Zelda.
Porque
es un recuerdo muy fuerte, importante, algo que compartí con mi
padre a través de un videojuego.
Quizás
suene raro, estúpido, infantil o poco corriente, me da igual.
Gracias
Link, por darme esos recuerdos tan fuertes con mi padre...ahora si me
disculpáis, creo que mi padre se ha levantado de la siesta, creo que
le propondré jugar a la SNES
“Papa!
¿Vamos a jugar?”
“Claro,
¿A que jugamos?”
“Al
Zelda papa”
“Pero
si a ese solo juego yo”
“Para
ese no necesito un mando para jugar contigo, vamos papa, vamos a
jugar”
“Esta
bien, me tomo el café, monta la consola”